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La historia detrás de la Granja de Bambam
La historia de La Granja de Bam Bam no empieza con el turismo.
Empieza mucho antes, entre cafetales, potreros y naranjales en las montañas de Guayacundo, donde por más de un siglo varias generaciones de una misma familia han trabajado la tierra.
Aquí cada generación ha sembrado algo distinto: café, cítricos, heliconias, gallinas, peces, ganado o codornices. Cada intento fue una forma de creer en la vida rural y en el poder de la tierra para sostener a quienes la cuidan.

El origen de la familia
La historia moderna de la finca comienza con Luis Infante y Stella Pedraza, abuelos de la familia.
Luis creció en la finca Patio Bonito, que durante años fue una posada para arrieros que cruzaban la región entre Villeta y Facatativá. Stella, por su parte, descendía de una historia aún más antigua: la de Ismael y Carmen, quienes con apenas 16 años vivieron durante años bajo una gran piedra mientras comenzaban su vida juntos y construían un futuro desde cero en estas montañas.
Con el tiempo, Luis y Stella compraron las tierras donde hoy se encuentra la finca y la llamaron La Esperanza. Allí criaron a sus cinco hijos rodeados de árboles frutales, animales y una abundancia sencilla donde casi todo venía de la tierra.
Uno de esos hijos fue Gabriel Infante, explorador y soñador incansable que terminó convirtiéndose en piloto de helicópteros.
“Quien llega a Bam Bam no solo visita un lugar: entra en una historia que la tierra lleva generaciones contando.”
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Como piloto, Gabriel decidió usar el seudónimo “BamBam”, un nombre que reflejaba su carácter fuerte, su energía y su espíritu libre.
Con el tiempo, Gabriel regresó a la finca familiar y comenzó a invertir en la tierra: construyó establos, casas, sistemas de agua e infraestructura con la esperanza de desarrollar distintos proyectos agrícolas, y con el tiempo, al turismo.
Fue Stella Pedraza, ya mayor pero aún llena de visión, quien imaginó un nuevo destino para la finca: abrirla al agroturismo.
Gracias a un curso del SENA, la familia decidió compartir la historia, la naturaleza y la vida rural con otras personas.

Así nació La Granja de BamBam, en honor al apodo de Gabriel y como símbolo del espíritu fuerte y persistente que ha acompañado a la familia durante generaciones.
Con el tiempo, los espacios de la finca fueron transformándose: el establo se convirtió en piscina, la planta de procesamiento en cabaña, las casas antiguas comenzaron a recibir viajeros, estudiantes y familias y el fuego de la cocina volvió a encenderse.
La nueva generación

Hoy el proyecto está en manos de Sebastián, nieto de Stella, hijo de Bertha y sobrino de Gabriel.
Desde 2025 decidió asumir la administración de la finca para darle una nueva etapa: revitalizar el lugar, honrar el legado familiar y proyectarlo hacia el futuro.
Bam Bam continúa siendo un proyecto familiar, regenerativo y profundamente ligado a la tierra, donde cada visitante es invitado a vivir la historia que estas montañas guardan.